Recuerdo perderme entre calles donde el sol parte en dos las fachadas y un olor a especias marca la dirección del viento. La narración me susurró nombres antiguos de tabernas desaparecidas, me señaló un azulejo que nadie miraba, y de pronto entendí que aquella supuesta equivocación era el desvío exacto hacia una verdad íntima del barrio, tejida con voces de tenderos, niños jugando y guitarras que afinaban memoria en cada portal.
Recuerdo perderme entre calles donde el sol parte en dos las fachadas y un olor a especias marca la dirección del viento. La narración me susurró nombres antiguos de tabernas desaparecidas, me señaló un azulejo que nadie miraba, y de pronto entendí que aquella supuesta equivocación era el desvío exacto hacia una verdad íntima del barrio, tejida con voces de tenderos, niños jugando y guitarras que afinaban memoria en cada portal.
Recuerdo perderme entre calles donde el sol parte en dos las fachadas y un olor a especias marca la dirección del viento. La narración me susurró nombres antiguos de tabernas desaparecidas, me señaló un azulejo que nadie miraba, y de pronto entendí que aquella supuesta equivocación era el desvío exacto hacia una verdad íntima del barrio, tejida con voces de tenderos, niños jugando y guitarras que afinaban memoria en cada portal.
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